¿Qué sabemos de la maestría en producción simbólica contemporánea y mediación sociocultural del ISA?
Dra. C. Hortensia Peramo Cabrera
En febrero de 2024 dio inicio la primera maestría de la Facultad de Artes Visuales de la Universidad de las Artes (ISA). Su extenso título da la medida de sus pretensiones: que los artistas universitarios aprovechen esta oportunidad para hacerse Másteres en su campo creativo (desde la academia, pues muchos de ellos ya lo son en su ejercicio profesional), oportunidad que, hasta el momento, no habían encontrado en otras ofertas de estudios de posgrado. También acoge a curadores, críticos, teóricos, profesores e historiadores del arte, que aspiran a obtener o apropiarse de otras miradas —indisciplinadas, por cierto—, y, en fin, valiosas para sus desempeños profesionales.
Liegados al final de su penúltimo módulo —el último es para la defensa de sus trabajos en diciembre de este año—, los proyectos inicialmente presentados para el ingreso a la Maestría, muestran enriquecedoras transformaciones a la altura del segundo taller integrador recién culminado, enriquecimiento consecuente con el proceso desarrollador logrado a través de las dinámicas, particularidades y actualizaciones sobre la investigación en arte, y facilitado por los cursos realizados, fueran obligatorios o electivos, y a través de los variados talleres opcionales cursados, para lo cual se recibió una importante colaboración de artistas, profesores e investigadores nacionales y de universidades latinoamericanas y europeas al amparo del proyecto YUCUNET auspiciado por Erasmus hasta el 2024.
Una de las ganancias de esta Maestría reside en que los respectivos proyectos de investigación-creación de los maestrandos no siguen un patrón predeterminado, sino que cada empeño emerge de sus particulares necesidades investigativas, reveladas, en este caso, a través de sus propios modos de concebir sus propuestas.
Nada mejor que dar a conocer una síntesis de estas fructíferas reflexiones, todavía parciales, para tomar el pulso a los resultados que ya van logrando los quince maestrantes que cursan esta primera edición académica.
Línea escarlata
Grafía para un posicionamiento social
Helga Montalván
Línea Escarlata busca responder la pregunta ¿qué es ser mujer en la sociedad actual?, dentro del campo de los Estudios Visuales. Me interesa direccionar la respuesta hacia el posicionamiento social como identidad de género.
Con esta intención, me propongo estudiar las variaciones y desplazamientos de la imagen mujer desde la primera etapa revolucionaria hasta hoy, y esbozar las zonas de posicionamiento social que estos desplazamientos configuran para su identidad de género. Parto de la premisa de que la imagen mujer cubana ha sido restituida por un posicionamiento social disruptivo de su identidad normada. En tanto, los conceptos claves que definen la investigación son: imagen mujer, identidad de género, posicionamiento social, línea, fractura, desacuerdo; enfocados desde la desobediencia epistémica de los estudios decoloniales.
La investigación está estructurada en dos núcleos que se concretarán en producciones visuales resultado del procesamiento de imágenes de archivos personales y públicos (entiéndase publicaciones e imágenes icónicas del discurso público). Para realizar estos ejercicios, conformo archivos de imágenes que compilo de álbumes familiares de sujetos femeninos de mi familia, particularmente en la línea de abuela-madre-hija que me permite la sucesión temporal de escenas donde se construye el rol femenino en generaciones de mujeres. Este mismo procedimiento temporal es realizado con las imágenes públicas. La comparación por contraste del análisis de ambos archivos ―el familiar y el público― a partir de las líneas de comportamiento1 que producen, proporcionan un resultado que me interesa potenciar visualmente. En esta operación, la sucesión temporal y la yuxtaposición son ejercicios fundamentales, así como el análisis de la escena desde la perspectiva de la microsociología.
Las operaciones simbólicas realizadas a las imágenes del escenario público y privado, me permiten establecer visualmente la disrupción entre la normativa de la imagen social oficialista de la mujer y el posicionamiento social de la identidad de género construida por el sujeto femenino contemporáneo. Estos ejercicios visualizarán el desplazamiento y el cisma entre el discurso oficial y la realidad, a la vez que restituyen la imagen mujer contemporánea.
Para esto, implemento conceptos de la psicología social, los estudios de género y otros construidos desde el ejercicio visual que fungirán como guías en la producción simbólica. Estos son:
Posicionamiento social (proveniente de la Psicología social): Se define como la forma en la que la identidad de una persona afecta su experiencia en la sociedad, la cual puede verse afectada por prejuicios implícitos, discriminación y exclusión social. (Rom Harré)
Performatividad de género: Los actos de género constituyen continuamente la identidad de género. (Judith Butler)
Los conceptos visuales de connotación simbólica lo son: la línea como elemento formal y simbólico, y el rojo escarlata, identificado en la Paleta Gráfica de Pantone como Flame Scarlet. Establecidos estos conceptos de la siguiente manera:
Línea: como sucesión continúa de dos o más puntos que se extienden de manera indefinida en un mismo plano, formando una trayectoria de una o varias direcciones, en función de si es recta o curva. Goffman refiere “línea” como una consecución de la conducta asociada a un rol, en tanto nos auxiliaremos de las herramientas que brinda la microsociología.
Rojo Escarlata: Color intermedio entre el bermellón y el carmín, que en la paleta gráfica posee una alta intensidad saturada. Funciona aquí como grafía visual de la fractura del rol normativo tradicional.
Soraya, el eco de un refugio definitivo
Tomas Oliva
"Cuando el mito es bello, es arte."
Samuel Feijóo
Grupo de estudiantes de performance con la profesora Irene Borges de la Academia San Alejandro, el profesor Paulo Teles y Tomas Oliva.
Según relata Pané, los aborígenes de La Española creían “[...] que hay un lugar al que van los muertos que se llama Coaybay”. Según la creencia taína, el espíritu de los muertos viajaba a Coaybay, conocida como “Morada de los Ausentes”. Este lugar estaba ubicado en una isla mítica llamada Soraya que aparece en el folclore caribeño, vinculada tanto a narrativas taínas como a historias indígenas y coloniales. Se la ha descrito como una isla utópica, misteriosa, a menudo relacionada con mitos y leyendas sobre paraísos perdidos y mundos ocultos; un lugar sagrado donde residía la energía ancestral o los espíritus protectores. Este mito refleja la fascinación del imaginario caribeño por lugares místicos que representan esperanza, espiritualidad y un pasado mágico que se desvanece en el tiempo.
Soraya era inaccesible para los vivos. La isla era gobernada por Maquetaurie Guayaba, una figura espiritual importante, casi como una deidad, posiblemente sin llegar a serlo. La isla Soraya era percibida como un espacio donde se encontraban los ancestros y donde las deidades habitaban. A los espíritus se les denominaba Opías. Las Opías tenían características únicas y descansaban o “vivían” en paz. Durante el día permanecían escondidas, y por las noches salían a comer guayabas, cantaban y danzaban. La guayaba es un fruto que estaba asociado a la muerte, como también los murciélagos y las lechuzas se vinculaban con el mundo espiritual.
En el contexto colonial, Soraya también puede representar un mundo ideal que fue destruido o perdido con la llegada de los colonizadores, un símbolo de resistencia y nostalgia por un pasado indígena más armonioso con la naturaleza. Muchas historias de la cultura popular evocan que la isla podría existir aún en alguna dimensión o en un estado de sueño. Algunas comunidades indígenas o grupos de tradición oral atesoran ceremonias en las que invocan a Soraya como símbolo de protección, fertilidad y conexión con los antepasados. Estos rituales suelen realizarse en momentos especiales del calendario agrícola o espiritual. En algunos relatos, las almas en Soraya también cumplen funciones protectoras, cuidando a sus descendientes y asegurando que las tradiciones y vínculos espirituales se mantengan vivos en la comunidad. Se cree que las almas actúan como guardianes de los secretos y conocimientos ancestrales, protegiendo la cultura y las tradiciones de los vivos.2
Participantes interactuando con el Cemí después de colocar la encuesta.Vista general de Soraya en proceso.
Los cemíes eran figuras sagradas para los taínos y se consideraban emisarios o intermediarios entre los humanos y sus deidades o espíritus. Estos eran invocados por los behiques (chamanes) que se preparaban para el trance con canciones y danzas procurando estados alterados de consciencia para acceder o invocar a los cemíes, antes de inhalar la cohoba3 en busca de mensajes transmitidos (que no siempre terminaba en éxito), simbolizando un conocimiento ancestral o paraíso que existía más allá de la membrana de lo tangible.
Sé que, a primera vista, puede parecer algo inusual el hecho de vincular la isla Soraya con las migraciones; pero observándolo desde el punto de vista simbólico-conceptual, podría tener connotaciones sensibles. Si miramos la migración desde la ausencia del hogar, encontraremos conexiones subliminales pues esa isla era el lugar que albergaba los espíritus o almas, una vez despojados de su cuerpo terrenal; era un lugar de migración, y aunque según la tradición, se incluye que las Opías en Soraya podían danzar, cantar y disfrutar de una existencia plena, en comunión con los ancestros y la naturaleza en un estado de ideal armonía; este refugio de paz constituía un lugar inaccesible para los vivos (que tienen “Guaízas”) y sin retorno para las Opías o fallecidos.
Si interpretamos la migración con un dolor asociado al desplazamiento, que al final deviene un desgarramiento del tejido social; podría relacionarse también con la pérdida de territorio, la dispersión forzada de los taínos durante la colonización y la nostalgia por sus prácticas culturales, como por ejemplo, los areitos. En la propuesta se fusiona lo “lúdico” con el “deterioro”, esto podría constituir un acto de cuestionamiento de la realidad circundante donde ambos coexisten en aparente equilibrio. El elemento formal “disruptor” aquí es la tecnología. Esta última añade una fina capa de simbolismo que coadyuva a integrar al “público visitante” a la metáfora, como un tercer “elemento conceptual” indispensable en medio de este ambiente evocativo de mitologías ancestrales. La isla Soraya sería, en este caso, un símbolo de identidad y arraigo perdido, cuyo abandono o prohibición podría haber causado una “dolencia emocional” en la comunidad. Puede representar la presencia de los ancestros, la devastación colonial o la persistencia de la memoria histórica en un espacio simbólicamente deshabitado donde yace “algo” invisible, pero perceptible por asociación.
Los asistentes a la exhibición podrían moverse alrededor del elemento central como en un areito, marcando la ausencia del rito. Con un arduino y el sensor de proximidad, colocado en el interior de un cemí con expression inquietante: desde el que un equipo de audio oculto deja escapar unos susurros representando ecos del pasado, recuerdos lejanos o la presencia de espíritus de los ancestros y conforme se va aproximando el participante; las voces se hacen claras y contundentes, dejando escuchar testimonios de entrevistas sobre la migración efectuadas previamente a otros participantes, que no necesariamente están físicamente presentes en el momento de la exhibición, sino a través del eco tecnológico de su voz, sugiriendo que la migración y la pérdida no son solo temas históricos, sino realidades actuales. Esto acompañado por los latidos de un corazón, que a su vez también aumenta de volumen gradualmente. El círculo de cenizas y arena removida actúa como espacio ritual de activación de la memoria y la meditación sobre el tema de la migración invocando la pérdida y el renanecimiento, así como la orilla y la frontera al tratarse de una isla impregnada de un fantasmagórico olor a guayaba.
Los participantes a la exhibición tienen la opción de llenar un cuestionario sencillo sobre su relación con la idea de la migración, para luego depositarlo al pie del cemí ubicado en el centro del círculo en una aproximación simbólica a una comunicación con nuestros ancestros que migraron a Soraya y que, como nos dice la tradición oral, “desde ahí aun nos ayudan una vez que son invocados”.
La instalación interactiva-participativa
En el marco del posgrado impartido en el ISA por el profesor Dr. Paulo Cesar Teles, de la Universidad Estatal de Campinas, sobre “Arte y Tecnología - Nuevas sensibilizaciones y pensamientos críticos”, entre el 8 y el 9 de mayo de 2025, llevé a cabo el proyecto preliminar a mi tesis de maestría con un grupo de estudiantes de la Academia San Alejandro, discípulos a su vez de la profesora de performance Irene Borges. El proyecto se realizó en dos días consecutivos en un aula de la institución. Una vez presentado y discutido el tema, ellos mismos se encargaron de proponer maneras de representar la isla y se trazaron estrategias para conducir a los participantes del performance de Soraya e interactuar en la instalación, así como seleccionar, llenar y depositar la encuesta sobre el tema migratorio.
La circulación de los participantes hacia el centro del círculo de cenizas (atraídos por la reacción de la interacción con los sonidos que aumentan sutilmente a medida que se acercan al centro) y desde el círculo de cenizas, imprimirá múltiples huellas de pisadas, que a su vez añadirán al contenido simbólico participativo del mensaje. De esta manera, la ceniza y la arena se irán dispersando por todo el locus, sugiriendo cómo la memoria se va desvaneciendo o transformando con el tiempo a manera de una diáspora.
En esta propuesta, concebida desde una estética de lo precario4, donde la improvisación se justifica como recurso estético con incidencia tecnológica, se combina la interacción con el público aportando una dimensión dinámica y participativa que define significantes en la obra al transformarla asignándole nuevas connotaciones simbólico-conceptuales. Al final de la exhibición, esto constituiría un documento simbólico de colaboración con el público, dándole una dimensión de mediación a la instalación.
En esta urdimbre de textos de segundo orden (refiriéndonos a un conjunto de signos en semiótica) que, a su vez, remiten a otros textos o significados ya establecidos para crear un sistema de significación más y más complejo, que en relación con el texto primario (el primer nivel de significación) y el texto de segundo orden, que ya implica una interpretación o referencia más profunda (en el ejemplo de nuestra instalación participativa-interactiva-performática, las evocaciones culturales o íconos sociales presentes en el texto expositivo constituyen textos de segundo orden). Así, estos textos de segundo orden nos permiten la construcción de significados a través de la intertextualidad y la conexión entre diferentes contextos culturales y simbólicos.
El proceso se documentó con videograbación y fotografía lo que constituye un registro del performance, que a su vez deviene obra por sí mismo.
Participantes tomando las encuestas antes de entrar a Soraya.
1 R. Pané. Relación acerca de las antigüedades de los indios. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990, p. 34.
2 Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557) fue un cronista e historiador involucrado en la colonización española. Su obra Historia de las Indias, escrita a principios del siglo XVI, relata la exploración y conquista española en el Nuevo Mundo, especialmente en el Caribe y América Central. Oviedo detalla que las comunidades indígenas tenían nociones de un mundo espiritual lleno de seres y lugares sagrados, algunos de los cuales podrían coincidir con la idea de una isla mítica, pero no ofrece una descripción explícita de “Soraya” como tal en sus crónicas.
3 Cohoba es una transliteración taína para una ceremonia en la que se utilizaban las semillas molidas del árbol de cojóbana (Anadenanthera spp.) y se aspiraba mediante un tubo en forma de “Y”. El uso de esta sustancia producía un efecto alucinógeno o enteogénico.
4 En este proyecto hay una marcada impronta de la obra de mi tío Reynaldo Fonticiella. Él catalogaba su obra dentro de la “Poética del Mierdismo”. “[…] esa necesidad de encontrar nuevos canales de expresión. En particular, fue el disfrute de las excepcionales interpretaciones de Dizzy Gillespie y Miles Davis lo que lo animó a ahondar en el terreno de la improvisación como recurso compositivo. Y bajo ese disponible en su propia casa, potenciaban en Fonticiella, no ya “cualidades alucinatorias” ―a la manera de los surrealistas―, sino ideas para enrumbar una propuesta artística deliberadamente cuestionadora y provocadora. […]” (Cabrera, M. 2007).