El Nuevo Herald, Galería, Sección C, pág. 1C

| Museo Cubano |Tres visiones libres del arte, El Nuevo Herald, Galería, Sección C, pág. 1C, Por Armando Álvarez Bravo, 1989
Cortesia del autor

El Nuevo Herald, Galería, Sección C, pág. 9C

Vitalidad, dinamica y forma en el Museo Cubano, Por Armando Álvarez Bravo, 1989
Cortesia del autor


DOMINGO 13 DE MARZO DE 1988 — EL NUEVO HERALD

Pág. 9 C (viene de la 1C)

Museo Cubano de Arte y Cultura


Vitalidad, dinámica y forma en el Museo Cubano

Por Armando Álvarez Bravo
Crítico de arte de El Nuevo Herald

Oliva: naturaleza y forma

Tomás Oliva —uno de los fundadores en Cuba del importante Grupo de los Once— es el artista con más obra en esta muestra conjunta. En las piezas que exhibe Tomasito desde su última exposición en 1980, se hace evidente que retoma su línea e expresión preferida: una concepción basada en estructuras y composiciones —bastante contradictorias— que se mueven entre lo delicado y lo violento. Obras de un equilibrio muy delicado entre lo brutal y lo sofisticado.

Oliva siempre ha estado seguro de que la forma —en el arte como en la naturaleza— es un lenguaje. Y que la naturaleza enseña que las mismas cosas se dicen con las mismas formas. La bayoneta, el colmillo del tigre son como letras de un alfabeto con las que se escriben las mismas ideas, se formulan las mismas imágenes. Para Tomás Oliva, trabajando sus esculturas en hierro, jugar con este lenguaje es la experiencia necesaria para hallar lo inesperado. Hay en la obra de Oliva —desde sus inicios— una tendencia a la monumentalidad. Pero lo monumental, para él, no es cuestión de escala métrica, sino de proporción.

Pero hay un elemento en la escultura de Tomás que me parece tan importante como la proporción. Es la relación con la fuerza. Para el escultor, obsesionado con la forma, esta es la lucha entre las fuerzas internas y externas. Lo que hace que su labor se concentre en desencadenar y poner freno a estas fuerzas, acción que supone la intervención de la conciencia. Por eso —cree Oliva—, la obra de arte no solo es creación, sino igualmente descubrimiento.

Oliva es un escultor —hay que insistir en ello— para quien todo está entre el caos y el orden, y que parte del caos a la hora de crear, pero asumiendo la posición de elemento de control de ese caos, lo que otorga a sus piezas un lugar.

Muchas veces, Tomás Oliva me ha dicho, y estoy de acuerdo con su punto de vista, que lo que más le interesa en la escultura es el espacio que juega con el objeto, y consecuentemente con la forma.

Así, una escultura está sujeta a muchos factores de variación en tantos casos mínimos. Esto exige siempre una revaluación total de la pieza, lo que constituye la mecánica de la creación.

Junto con sus esculturas —insisto que monumentales en su concepción, pero muy espartanas tras un largo trabajo de acumulación de intrincados elementos—, Tomás Oliva expone una serie de dibujos. Los dibujos para este integrante del Grupo de los Once son una forma de expression genuina, y no son previos a la concepción escultórica.

Estos dibujos están realizados en colores oscuros, fuertes, con grandes manchas que se ven surcadas por rasgos donde se centra su equilibrio, y con un ocasional manejo de los colores mas cálidos. Pero, independientes, no dejan de tener el sello que caracteriza a la madura obra escultórica de Tomás Oliva: ese dialogo en pos del equilibrio a partir del lenguaje de las formas de la naturaleza, de la que el hombre es parte esencial.

Esta es una exposición que no debemos perdernos. Reúne desde una seria obra inicial hasta la de muchos años de creadores que han abordado su trabajo con seriedad y continuidad, logrando unos productos muy acabados que ya forman parte de la cultura plástica cubana e hispanoamericana.

La exposición conjunta de Laura Luna, Gladys Triana y Tomás Oliva puede verse hasta el próximo 8 de abril, en el Museo Cubano de Arte y Cultura, del 1330 SW y la Avenida 12.


Fragmento del artículo de Armando Álvarez Bravo para El Nuevo Herald “MUSEO CUBANO — Tres visiones libres del arte”