Sobre el Museo de Arte Moderno de la Habana
Por Tomás Oliva Jr.
El Salón de Mayo (Salon de Mai) se origina por un grupo de artistas franceses de vanguardia, que se reunian en un café de la Rue Dauphine en París en 1943 durante la ocupación alemana de Francia. Para 1967, su presidente era: Gaston Diehl;
Secretaria General: Jacqueline Selz (fallecida); Secretario del Comité: Yvon Taillandier.
Ahora bien,
el Sr. Carlos Franki era el Coordinador de Cultura en Europa; a través de él y de Wilfredo Lam se gestó
traer el Salón de Mayo a La Habana.
En ese momento Tomás Oliva era el Director Nacional de Artes Plásticas del Consejo Nacional de Cultura (CNC) y máximo responsable de la organización del Salón en Cuba, en coordinacion con Franki y Lam.
Se inauguró el Salón el 30 de julio de 1967 con sede en el Pabellón Cuba, La Rampa.
En el marco del Salón de Mayo se realizaron muchas actividades, como el mural colectivo del Pabellón Cuba
y la inauguración del “Museo de Arte Contemporáneo” o “Museo de Arte Moderno” como también se le llamó durante su corta existencia. Fue creado en la edificacion de lo que fue la funeraria Caballero, en La Rampa, precisamente al cruzar la calle en la esquina opuesta a la del Pabellón Cuba.
Antigua funeraria Caballero | Museo de Arte Contemporáneo de la Habana
El Centro tenía siete salones para exposiciones, una hemeroteca artística para consultas que dirigia Luz Merino, cubículos con udífonos donde se podía escuchar música, y una agradable cafetería. Toda aquella maravilla solo duró tres meses, pues fuerzas oscuras —con la venia de Luis Pavón Tamayo y José Llanusa Gobel— la cancelaron alegando que “iban muchos homosexuales”. En una noche enviaron una banda de destructores contra la galería: rompieron cristales y destruyeron una obra de arte y de cultura que había sido construida con el mayor amor y decoro artístico, donde participaron destacados arquitectos, artistas plásticos, musicólogos y otros especialistas del país.
A raíz de ese evento, que quizás “fue la gota que colmó la copa” sumándose a otros conflictos conceptuales sobre la política cultural del momento, donde se debatía por algunos sectores de la oficialidad la introducción del Realismo Socialista como política cultural institucional (tendencia a la que él fue un fuerte opositor); Oliva decide renunciar a su cargo en la Dirección Nacional de Artes Plásticas del CNC.
Recuerdo personalmente que, siendo yo un niño pequeño, mi padre me llevaba con él mientras el centro estaba en progreso. ¡Era un lugar bello! Se pretendía que fuera un punto de confluencia para artistas de toda Latinoamérica y el mundo… los sueños eran muchos...
20 años después cuando pudimos reunirnos y conversar, me manifestó que las discusiones ideológicas y conceptuales eran muy intensas, que el hecho de debatir constantemente con intelectuales de alto perfil asuntos ideológicos y estéticos tan opuestos a los suyos era un proceso sumamente desgastante; que él hizo una fuerte oposición a la implantación oficial de un Realismo Socialista en las artes plásticas cubanas desde su posición de Director Nacional de Artes Plásticas del Consejo Nacional de Cultura, optando por un Arte Puramente Revolucionario en su sentido estético y conceptual pero libre de todo tipo de dogmatismo.
Me expresó que creía, que al final lo había logrado; aunque algunos artistas de su generación con los que tuve la oportunidad de conversar a mi regreso a Cuba, mediado de los ochentas, me manifestaron su desencanto por su temprana renuncia al cargo. Pero mi padre era ante todo un creador, y lo más opuesto que haya existido a un burócrata. Según lo que me expresó, en esa oportunidad, fue, que el cargo institucional se había convertido en una carga insostenible para él en condiciones que ya consideraba adversas a sus ideas al ver que toda una obra como la del Museo de Arte Moderno en La Rampa quedaba destruida en un abrir y cerrar de ojos por órdenes de dirigentes desde las sombras y por razones espurias, después de tantos meses de esfuerzo colectivo e inversión de recursos.
Recuerdo también que, alrededor del acto brutal de la destrucción del Centro, el arquitecto español Joaquín Rallo —quien participó activamente en su habilitación— falleció de un ataque cardíaco mientras conducía su recién importado Volkswagen escarabajo. Se alboreaba lo que posteriormente se denominó como el “quinquenio gris” para la plástica cubana; era el umbral de los años setenta.
Dice el poeta César López que una mañana encontró a mi padre apesadumbrado y sombrío, sentado afuera en las escaleras del Centro (ya destruido y clausurado). Yo recuerdo que en otra ocasión, desde nuestro auto, mi padre le mostró a mi madre el lugar y comentó: “¡Mira lo que hicieron…!”. Yo no podía comprender qué había pasado, pues las ventanas estaban todas rotas y cruzadas con tablas clavadas burdamente, como si hubiera ocurrido un bombardeo. Esa imagen quedó grabada en mi mente.
Otro aspecto que quisiera destacar es que Tomás Oliva fue un artista profundamente preocupado por la enseñanza de las artes plásticas. Enemigo ferviente de los obsoletos programas de estudio de la tradicional “Academia de Artes”, se dio a la tarea de reestructurar todos los planes y programas de estudio de las Escuelas de Arte a nivel nacional, conjuntamente con el profesor Antonio Alejo y otros artistas de vanguardia, haciéndolos más acordes a estimular los procesos creativos y la imaginación artística de los estudiantes, sin por ello restarle importancia al rigor técnico.
Y termino esta reflexion con estos pensamientos del artista: "[...] Para mí arte es arte, escultura es escultura, independientemente de lo que represente [...] El realismo es un método que tiene su papel en la enseñanza, siempre que no se imponga como una receta de cocina para el arte[...] Se debe conocer el arte clásico, pero no para repetirlo, sino para hacer algo distinto, para incorporar algo nuevo que podrá ser clásico a su vez [...]"
Tomás Oliva Sr. (1991)